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Mauricio Pochettino: "No guardo rencor a nadie"

 Foto: Agencia EFE / © EFE 2012. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de todo o parte de los contenidos de los servicios de Efe, sin previo y expreso consentimiento de la Agencia EFE S.A. Foto: Agencia EFE / © EFE 2012. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de todo o parte de los contenidos de los servicios de Efe, sin previo y expreso consentimiento de la Agencia EFE S.A.
  • Madrid
 

Hay entrenadores que cumplen crueles aniversarios. El de Mauricio Pochettino fue al sellar 150 partidos al frente del Espanyol con más derrotas que victorias. Con más goles en contra que a favor. Pocos tienen en cuenta que la entidad blanquiazul no se prepara para ganar ligas, sino para reinventarse cada temporada pensando en la permanencia y en fomentar un buen proyecto de futuro.

Hace apenas un mes Pochettino se despedía entre lágrimas del club que le consagró como futbolista y le permitió iniciarse como técnico. Quien entienda el fútbol como una mera cuestión de resultados, quizás deje de leer esta entrevista. Quien prefiera hablar de fútbol, puede quedarse.

Pochettino aterrizó en Barcelona en 1994 tras salir campeón con Newells, entrenado por Marcelo Bielsa. Una experiencia que marcaría para siempre su forma de entender este deporte. El ‘Loco’ fue su mentor, él le dio la oportunidad de jugar en primera siendo un adolescente, pero no sólo eso. No le enseñó tanto el valor de los títulos sino a que jugando bien es más fácil ganar. Desde entonces, esa filosofía Mauricio no la cambia. No importa si el rival es el Granada o el Real Madrid. El sistema no se modifica y la pelota se cuida. El portero genera y participa tanto del equilibrio como un pivote en el centro del campo. No se juega a la contra, no se espera, el Espanyol de Pochettino optaba por contragolpes bien arrancados, por líneas compensadas. No inventó el WM de Champman pero sí tiene una idea.

Más allá de los resultados, no lo olviden: su primera experiencia como entrenador de primera división la tuvo haciéndose cargo de un Espanyol último en la tabla y con escasas esperanzas de salvación. Lo salvó, igual que en los tres años siguientes. Incluso acariciando los puestos europeos y sirviendo de modelo para otros clubes. Retomó el concepto de cantera, perdida precisamente con la llegada sobre todo de argentinos. La base estaba en Sant Adrià y él lo sabía de primera mano. Después se atrevió a sentar al máximo anotador de la historia del Espanyol, Raúl Tamudo, algo que aun hoy algunos no le perdonan. Porque insisto, no siempre prevalecen los títulos y los goles. Y no por ello Pochettino forma parte de ese grupo de entrenadores que siguen la moda de Bielsa como tendencia snobista. Ahora que se le vuelve a atribuir al técnico del Athletic el término de “perdedor”, nuestro protagonista se afianza en sus ideas para llegar al éxito.

Después manejó un vestuario derrumbado por la pérdida de Dani Jarque, a quien él mismo  otorgó el brazalete de capitán. Se repuso también a las ventas de jugadores como Osvaldo y Callejón. Estrenó y convirtió a Cornellà El Prat en un fortín, y a un equipo joven en un grupo sólido y valiente. “Quienes hayan visto al Espanyol estos últimos cuatro años y hayan comprobado cómo se ha llegado a jugar, saben bien cuál es mi filosofía. Hablar de mí mismo me causa rubor. No me interesa venderme”. Le insisto para que él mismo trate de definir su idea sin que crea que es una actitud vanidosa: “Creo en un fútbol con una estética bonita, es decir, en darle un buen trato al balón, jugar más tiempo por bajo que por alto, tener el control de juego. Quiero que dominen al adversario, que presionen y sean dinámicos. Apuesto por que salgan al campo pensando en la portería rival. Todo comienza por tener el balón en posesión, no dárselo al rival. Y sólo a partir de ahí se genera el juego”. Parece fácil pero conseguirlo en un equipo ‘segundón’ de Barcelona lo complica. Cualquiera que se detenga un tiempo en la Ciudad Condal sabe de lo que hablo. Mauricio también, aunque él prefiera enfocarlo desde el ‘alto grado de exposición pública’: “Se suelen conceder tres ruedas de prensa semanales, donde a nadie le importa tu estado emocional para exigirte siempre la misma lucidez. A veces parece que todos están esperando a que te equivoques para hacerte daño. Pero al fin y al cabo, en esta sociedad ¿quién cuenta con un respeto absoluto? Lo vemos en la política, en el deporte, etc. La gente está esperando el error ajeno para atacar”, me explica.

Cómo cambia el fútbol visto desde fuera… “Ahora lo vivo totalmente diferente, con menos estrés. Puedo observar más el juego de una forma más sosegada. Antes consumía todo el tiempo preparando nuestros partidos y visionando al rival".

Sigue pendiente del Espanyol, no lo puede evitar como buen ‘perico’: “He visto los partidos que han disputado desde que me fui. Ocurre lo de siempre cuando hay un cambio y resulta normal que el futbolista quiera demostrar lo mejor al nuevo entrenador. Más que opinar, prefiero que suponga algo positivo y se cumplan los objetivos que se marquen”.

Algunos podrían optar por justificar el mal rendimiento de su equipo, él no: “No les veo con más intensidad y motivación que antes, el grupo siempre mantuvo esa predisposición".

Prefiere obviar los tiempos convulsos que ha vivido el club blanquiazul en los últimos años: “En el proceso hemos vivido situaciones que no eran propicias para lograr esos resultados y al final tuvieron relación con los mismos. Pero al grupo sólo  hay que apoyarlo porque siempre ha tenido muy buena actitud. No tengo ninguna queja de nadie”. Además, rechaza el papel de adivino y se aventura desde el conocimiento profundo de su ex plantilla: “No creo que vayan a tener problemas para lograr el objetivo. No tengo ninguna duda que la situación mejorará en la tabla de posiciones. Ahora lo que se ha logrado es que la afición, la prensa y todas las partes remen hacia la misma dirección. Todos están con el equipo. Están animando, transmiten esa confianza y fuerza que solo la afición del Espanyol sabe hacerlo. Después de todo lo que pasó a principio de año hasta las recientes elecciones, por fin ahora la gente está con un mismo objetivo”. A lo largo de la entrevista, casi sin darse cuenta, menciona en casi todas sus respuestas el agradecimiento a la afición espanyolista.

Evade la pregunta acerca de su destitución, pero acaba respondiendo más por educación que por devoción: “Fue de mutuo acuerdo, lo expliqué en mi última rueda de prensa. No es momento de hablar ni de reprochar a nadie. Durante cuatro años me sentí muy bien con los dirigentes y jugadores. Estoy satisfecho y no tengo rencor a nadie. Pero a veces el tsunami pasa y se lleva todo…”.

Quién sabe si hubiese sido mejor dejar al equipo en verano, con el deber cumplido y sin supuestas cuentas pendientes. No puedo evitar volver a acordarme de Bielsa y su decisión de continuar en Lezama. Solo él lo sabe, pero no se detiene: “No soy una persona que se arrepienta de las cosas. Por algo tenía que quedarme, tenía que estar. Mi compromiso siempre estuvo, está y estará en el Espanyol. Es mi segunda casa, el que me brindó la posibilidad de hacerme jugador en Europa e iniciarme como entrenador. Le sigo debiendo muchas cosas a esta institución. Siempre estaré en deuda”.

¿Y ahora qué, Mauricio? “Quiero trabajar en cosas a las que apenas me he podido dedicar en estos años. Darle comida a mi cerebro: ese es el plan a corto plazo”.

A los que preguntan si algún día podrías volver, ¿qué les decimos? “Pues que ahora a nadie se le pasa por la cabeza y menos a mí. Pero sabemos que en el fútbol las cosas giran muy deprisa y una nunca sabe si el día de mañana puede tener opción de volver. Se han visto muchos cosos de entrenadores se marcharon y regresaron: Clemente, Camacho, Azkargorta… Me gustaría entrenar en España pero hoy en día también hay otros países en Europa que  te brindan una buena oportunidad para poder desarrollar tu trabajo”.

Entonces, Argentina debe esperar: “No lo sé, ahora me voy allí a pasar la Navidad. Nunca se sabe, el fútbol te lleva donde quiera uno”.

Por cierto, no puedo acabar sin hacerte la típica pregunta: ¿A quién premiarías con el título al Mejor Entrenador del Año? “A José Mourinho. Pero también le daría uno a Simeone. Me gustaría que el Atlético se mantenga ahí porque le tengo un gran cariño a su entrenador y al Mono Burgos. Sería bonito para la liga española tener un tercer candidato. Seguro que es un deseo mío y de mucha gente del fútbol”.

Mauricio Pochettino forma parte de esa ‘gente del fútbol’. De los que lo entienden, lo arriesgan, lo simplifican y lo embellecen. Y al final, los buenos siempre ganan...

 

 

 

 

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